Quiso invitarla a la fiesta privada que se preparó en su sótano, tres años ella, el diecisiete, nunca volvieron a estar tan juntos.

Calculó con frialdad el momento, la cansada mirada materna fija en la fabada, el padre en su hora punta.

Se la llevó, su alegría iluminaba la carita dulce; el cuerpecito nuevo, cuidado con mimo rechazó la fiesta, no tragó la espuma de aquel descorche, gritó. Años de silencio y olvido.

Historia del arte, símbolo fálico, le llamaban Falo, cayó el recuerdo, el cuerpo adolescente se estremeció. Vergüenza, si supieran…, ¡rojo!; secreto, a cerrar ese cuerpo, ¡negro!; ¡miedo! ¿Qué color tiene el miedo? Color carne, ese es su color, esconder con kilos la belleza.

Carmen García Fernández